Prólogo

Cuando éramos pequeñas y nos íbamos a dormir, mi abuela María siempre nos contaba una antigua leyenda gypsia, para que pudiésemos dormir tranquilas bajo la luz de las estrellas y que nuestros sueños volaran hasta llevarnos lejos. La historia narraba, cómo aparecieron los primeros gypsios en la tierra, una historia fantástica, demasiado increíble para ser cierta y poder creerla, pero que a nosotras nos encantaba escuchar cada noche acurrucadas bajo las mantas y haciéndonos soñar, hasta sumergirnos en lo más profundo de la historia, hasta desear formar parte de ella. Aunque algunos historiadores aseguraban que los gypsios procedían de algún lugar recóndito de la India, o incluso del antiguo Egipto, nunca pudieron confirmar o asegurar nada, solo estaba esa vieja leyenda rodeada de magia y fantasía, y a la que muchos de los primeros gypsios se aferraban a creer por simple supervivencia.

La historia contaba, que en los primeros días de la tierra, cuando ésta aún era pura y sin contaminar, cuando ni siquiera existía la música y los caminos aún no estaban hechos, nació un niño albino, tan blanco, que parecía brillar en medio de la inmensa oscuridad de la noche. De pelo tan rubio, que podía confundirse con un blanco inmaculado, y ojos azules como el propio azul del cielo en un día del mes de Julio. Cuentan, que cuando creció, la gente del pueblo se burlaba tanto de su aspecto, que tan solo salía de noche, para evitar las miradas crueles y discriminatorias de todas esas personas que le rodeaban. En el pueblo le llamaban, el hijo de la noche, no solo por su aspecto físico, sino porque aquel joven muchacho, tan solo hablaba con la Luna y las estrellas.

La leyenda narraba, que aquel chico se enamoró de la Luna, y la cortejó cada noche, con las frases de amor más bellas que jamás alguien pronunció en la vida.

Pero un día, ésta, cansada de sus halagos y constantes cortejos, le dijo que nunca podría amarlo, ya que era demasiado para él, rompiendo así, todas sus ilusiones y echándolo a un lado, como un día hicieron todos sus vecinos.

Poco tiempo después, el joven fijó sus ojos en una bonita estrella que brillaba con más intensidad, cada vez que él hablaba o recitaba versos a la noche. aquella luz tan especial, fue capaz de calmar su alma triste y rota, volviéndose a ilusionar con un amor tan difícil como prohibido.

El joven, decidió cortejarla cada noche, y a diferencia de la Luna, ésta, sí correspondió al chico, enamorándose perdidamente de él y bajando a la tierra rompiendo así, las normas establecidas por el universo y la propia Luna, que les advirtió, que serían los responsables de provocar un desorden en el firmamento, si continuaban con su absurdo plan de amarse. Sin embargo, no quisieron escuchar a la Luna, ignorándola por completo y decidiendo arriesgarse a todo.

 

Cuando los amantes se vieron por primera vez, la estrella le dijo al joven muchacho, que desde el cielo siempre pareció una estrella como ella, sin embargo ella, una vez bajó a la tierra, se convirtió en una mujer de tez morena, con cabello negro y largo como la noche, ojos oscuros y profundos, que adornados por largas y negras pestañas, creaban toda una obra del más puro arte. Era un amor de contrastes tan bellos, que las demás estrellas sintieron envidia y desearon vivir lo mismo, o al menos intentarlo…

Su amor fue intenso y prohibido, un amor verdadero, un amor único, un amor eterno. Pero pronto descubrieron, que la Luna tenía razón, y sus corazones se llenaron de temor, ya que muchas de las estrellas, también bajaron en busca de sus propias historias de amor. Pero a pesar de ello, el universo siguió en equilibrio, descubriendo las estrellas, que habían sido engañadas por a Luna traicionera. Ellas siempre tuvieron la oportunidad de bajar a la tierra, y elegir donde quedarse. Siempre tuvieron opción, pero ellas lo ignoraban.

Lo que en realidad ocurría era, que la Luna, estaba celosa porque el hijo de la noche, había preferido finalmente a una simple estrella que a la misma reina del cielo.

Y de ese amor entre estrellas y humanos, fue que apareció una nueva raza, los gypsios, o como posteriormente les llamaron, gitanos o roms. Una raza que nacía con la marca de una estrella dorada detrás de la oreja, para no olvidar su procedencia. Un pueblo que nunca se sintió de este mundo, porque en realidad, pertenecía a dos. que nunca llegó a ser aceptado, porque en verdad, desprendía un algo tan diferente que no era de este mundo.

Una mezcla de lo conocido con lo desconocido de las estrellas, así decían que era el interior de los gypsios, todo un universo sin conocer. Aún dicen que en los ojos de muchos podemos encontrar restos de esa luz tan característica y mágica.  Pero solo es eso, una bonita leyenda, que supongo fue inventada por los antepasados gypsios para dar una historia, a su historia. Un pueblo que en realidad nunca supo de su procedencia, de dónde venían o hacia dónde debían dirigirse. Un pueblo, que para su desgracia, durante siglos fue perseguido y despreciado, despojado a la,fuerza de sus costumbres, de su lengua, su magia. Siempre fueron diferente, siempre fueron iguales.

Han pasado siglos desde que esa historia la narraron por primera vez, y aunque todo ha cambiado mucho, a la vez todo sigue siendo igual para los gypsios. Es cierto que llegaron a integrarse, a ser aceptados y a ganarse el respeto de muchos. Inclusive se mezclaban formando familias con otras razas o pueblos, no obstante, nunca se olvidaron de sus raíces y costumbres, cosa que se aferraba mucho a sus personalidades y a pesar, que a la mayoría de ellos, les estaba estrictamente prohibido. Pero cuando la tercera guerra mundial explotó, fueron una vez más perseguidos durante cuatro largos años. Se volvieron de nuevo contra el pueblo sin pueblo, dejando a su paso, millares de muertos y desolación absoluta, familias rotas, viudas, y muchísimos hijos sin sus padres. Pero increíblemente, una vez más, seguían multiplicándose como las estrellas del cielo, y muy lejos de extinguirse como pretendían, retomaron viejas costumbres, alejándose lo más posible del resto del mundo, y protegiéndose los unos a los otros como antaño. Y a pesar que hace tiempo que no creo en leyendas, lo cierto, es que ésta, tiene demasiadas coincidencias para que tenga su parte de verdad y me haga dudar seriamente de su credibilidad.

Por cierto, me llamo Serena, tengo veintidós años y tengo una pequeña estrella dorada tras la oreja…sí, soy gypsia.1195664626_f

 

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